¿Sabes pequeño Abdul? El pasado suele visitar mi cabeza y se comporta como un clavo porfiado; tras ser golpeado por el persistente martillo, entra torcido en el material, agrieta la pared y la raja. Y es por esa fina hendidura donde salen los recuerdos atropellados y, si tenemos suerte, ordenados… ¡Pero te dije que era un clavo porfiado! Entonces me disculparás que mi historia sea realidad salpicada de ilusión, despues de todo eres un niño…
Te contaré la historia del Gran Sultán.
Bismillah ir-Rahman ir-Rahim
“Oh Tú, que nada se te compara
Que asciendes al sol por el Este donde dirigimos nuestras plegarias.
Oh Tú, que no nos revelas el propósito ni en nuestra hora postrera
Y sin embargo, llevas registro por medio de dos contadores.
Oh Tú, que a nada escapa Tú mirada
Y que provocas el ritmo de cada latido de nuestro corazón.
A Ti te buscamos en el día y en la noche
como nos enseño el Sello de los profetas.
Y a Ti únicamente te recordamos…
A tí te ruego me repongas un poco de vigor en mis pensamientos
y extiendas lo poco que me queda de memoria para la certera transmisión…”
El Gran Sultán ascendió al trono en momentos de una profunda transformación a nivel mundial. Y como toda transformación decisiva, no faltaban las moscas que revolotean sobre el azúcar: sentía que habia intrigas a su derecha pero, alhamdulillah también habían aliados a su izquierda. Y en tales circunstancias es muy dificil saber en quién confiar. Pero nuestro Sultán demostró capacidad de resolución desde muy pequeño; sus profesores daban credito de ello confirmandolo con juegos de ingenio y ecuaciones matematicas de extrañísima resolución. Y había nacido un lunes y sabes muy bien lo que eso significa…
Y pronto lo demostró en su mandato. Le había tocado en suerte sacar su califato de un duro trance promovido por la insaciable avaricia extranjera que todo desea y en nada repara y, además, de unificar un territorio donde la poca cohesión que existía entre sus ciudadanos se estaba debilitando por sectores revolucionarios que , en su afán de progreso, habían desvirtuado la esencia misma del imperio. Y así estaban las cosas pequeño, no fue fácil la tarea que le había concedido Allah a nuestro Gran Sultán.
-¿Y que más sucedió Abu Babel? Cuentame por favor…-.
-Es que aquí niñito mío, no se si el relato es ilusión o verdad.-
-No importa Abu Babel, termina la historia para que en sueños yo defiensa mi califato…-.
-Y lo bien que lo harás… InshAllah.-
Luego de muchos años de trabajar por una paz externa e interna, Allah le concedió la magnifica victoria de unificar las almas de sus creyentes. Su genio político junto a su sensibilidad y calidad humana hicieron que tanto poder no lo mareara y perdiese el timón de semejante barco! Porque muy bien sabes que el poder corrompe y más si puedes convertirte en el califa de medio mundo. La cuestión es que no solo las aguas se sosegaron y las revueltas cesaron, sino que fue una época dorada en el resurgimiento de los conocimientos y las artes: miles de mezquitas se construyeron! Sin contar las escuelas, los museos, las universidades, los turuk, hospitales, plazas, caminos, puerto y muchas cosas más…
-¿Cómo en la época del califa Al-Mamun?-
-Más…-.
-Oh…!-.
-Sí, oh-.
Cuando una nación crece con tanto vigor y su gente está contenta, siempre surgen malintenciones de los extraños. Y eso fue lo que sucedió. Luego de unos cuantos años volvieron las intrigas y las envidias; pero esta vez se sumaron las restricciones en las rutas comerciales, las amenazas de invasiones y nuevamente las revueltas internas promovidas desde el extranjero. Y a todo esto sumarle un extraño señor de aspecto siniestro que pedía a gritos le favorezcan con la venta de un país a cambio de mucho dinero… Un ser realmente espeluznante y doy gracias a Allah por no brindarme el recuerdo de su feo nombre… Y por supuesto que nuestro Sultán se negó. Una y mil veces se negó. Y también hizo nuevamente todo lo que estuvo a su alcance, pero lo cierto es que ya no era tan joven como antes y prácticamente aliados no le quedaban porque una vez disuelto el califato, serían muchos los que se beneficiarían de ello. Cuando el queso es enorme y delicioso, hasta las ratas de los lugares más remotos vienen por una tajada… Y eso debes aprenderlo muy bien pequeño Abdul: Cuando eres próspero en la vida muchas personas te adularán y querrán tu amistad. Pero si eres pobre, como ahora lo somos, solo te tendrás a ti mismo, ¿entiendes?.
Yo presencié parte de esta historia y cuando me llega el recuerdo y quiero transmitírtelo, siento que una piedra pasa por mi garganta. Solo puedo decirte que fueron muy tristes esos momentos de crisis nacional y muchos nos ahogamos en la impotencia misma de no saber cómo actuar, cómo ayudar a nuestro Sultán. Porque lo amábamos: era nuestro consejero, nuestro emperador, nuestra guía política y nuestro ejemplo para perfeccionarnos como personas… Ciertamente él era el califa de los creyentes.
-Abu Babel ¿Porqué lloras?-
-Porque éste es ese instante, hijo mío, en que la hendidura de la pared se abre completamente y se libera la magia junto al recuerdo…-.
-No estés triste, si quieres no me cuentes más la historia y vayamos a jugar-.
-A veces no se a quién cuento historias: si a ti o a mi. Vamos a jugar-.

Yasmin Matuk.